En un mercado dominado por la proyección digital, La Odisea recuperó una tecnología cinematográfica que requiere una infraestructura poco común. La película de Christopher Nolan es el primer largometraje estrenado comercialmente que fue filmado en su totalidad con cámaras de película IMAX de 70 milímetros.

La versión más completa de la producción solo puede verse en 41 salas IMAX del mundo. Estos cines cuentan con proyectores capaces de reproducir película de 70 milímetros en formato 15/70, denominado así porque cada fotograma ocupa 15 perforaciones y se desplaza horizontalmente por el equipo. Esta disposición permite utilizar un área de imagen considerablemente mayor que la de una película convencional de 35 milímetros.

El resultado se presenta en una relación de aspecto de 1.43:1, una imagen más alta que llena las pantallas IMAX desde el piso hasta el techo. IMAX describe esta versión como una presentación equivalente a 18K, disponible exclusivamente en esas 41 ubicaciones.

La escasez no está relacionada únicamente con la cantidad de entradas disponibles. Los proyectores 15/70 son sistemas analógicos especializados, difíciles de fabricar y presentes en un número limitado de complejos. La mayoría de los cines actuales utiliza proyectores digitales que no pueden transportar ni reproducir físicamente este tipo de película.

 

 

Para realizar La Odisea, Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema utilizaron aproximadamente 2,1 millones de pies de película IMAX. También colaboraron con IMAX en el desarrollo de una cámara de nueva generación llamada The Keighley y de un sistema de aislamiento acústico que permitió grabar sonido sincronizado durante el rodaje.

La película también se distribuye en IMAX digital, 70 milímetros convencional, 35 milímetros, Dolby Cinema y otros formatos premium. Sin embargo, solo la proyección analógica IMAX 70 mm permite reproducir todos los fotogramas en la relación de aspecto 1.43:1 y con las características previstas para la versión de mayor resolución.

El lanzamiento muestra que una tecnología analógica puede seguir funcionando como el formato más avanzado de una producción cinematográfica. También expone su principal limitación: la experiencia depende de una red mundial de proyectores, salas y copias físicas que no puede ampliarse con la misma facilidad que una plataforma digital.