Las llamadas inyecciones para adelgazar dejaron de ser un tratamiento conocido solamente por pacientes con diabetes y pasaron a ocupar un lugar central en la lucha contra la obesidad. En Estados Unidos, el 11% de los adultos afirma que actualmente utiliza medicamentos GLP-1 con el objetivo de bajar de peso, frente al 3% registrado en 2024. Otro 15% señala que los probó en algún momento, según una encuesta nacional de Gallup realizada entre más de 5.000 personas.

Dentro de este grupo aparecen principios activos como la semaglutida y la tirzepatida, comercializados bajo marcas como Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound. Estos medicamentos imitan la acción de hormonas relacionadas con la regulación del azúcar en sangre, el apetito y la sensación de saciedad, lo que puede reducir la cantidad de alimentos consumidos y favorecer la pérdida de peso.

El crecimiento fue especialmente marcado entre los adultos de mediana edad. Una encuesta de KFF encontró que el 22% de las personas de entre 50 y 64 años utilizaba un medicamento GLP-1 para perder peso, controlar la diabetes o tratar otra condición. En el conjunto de la población adulta, el 12% declaró consumirlos por alguno de esos motivos y el 18% afirmó haberlos usado alguna vez.

La expansión de estos tratamientos también abrió un debate sobre su precio y accesibilidad. Más de la mitad de los usuarios consultados por KFF aseguró que tenía dificultades para pagarlos. El costo fue uno de los principales motivos para abandonar el tratamiento, junto con los efectos secundarios.

Las autoridades sanitarias remarcan que no se trata de productos de uso libre ni de soluciones exclusivamente estéticas. Wegovy, por ejemplo, está indicado para determinados pacientes con obesidad o sobrepeso y debe acompañarse con alimentación de menor contenido calórico y actividad física. Entre sus efectos adversos más frecuentes se encuentran las náuseas, los vómitos, la diarrea, el estreñimiento y el dolor abdominal.

El auge de estas inyecciones representa un cambio importante en el tratamiento médico de la obesidad. Su utilización creciente también plantea la necesidad de garantizar controles profesionales, información adecuada para los pacientes y condiciones de acceso que permitan sostener los tratamientos sin poner en riesgo la salud.