Tesla continúa reforzando su apuesta por Optimus, su robot humanoide impulsado por inteligencia artificial, uno de los proyectos con los que la compañía busca ampliar su negocio más allá de los vehículos eléctricos y llevar sus sistemas de autonomía al mundo físico.

El objetivo de la empresa es desarrollar un robot bípedo capaz de realizar tareas peligrosas, repetitivas o poco atractivas para las personas. Para conseguirlo, Tesla trabaja en tecnologías de visión artificial, planificación de movimientos, navegación, equilibrio y percepción del entorno.

Durante 2026, la compañía también profundizó su trabajo en modelos fundacionales destinados específicamente a la robótica. Estos sistemas buscan permitir que Optimus interprete información visual y transforme esos datos directamente en movimientos y acciones, reduciendo la necesidad de programar individualmente cada comportamiento.

La estrategia aprovecha parte de la experiencia acumulada por Tesla en inteligencia artificial para sus vehículos. El desafío ahora es trasladar esa capacidad de percepción y toma de decisiones a un robot que debe interactuar con objetos, personas y entornos cambiantes.

Tesla imagina a Optimus trabajando inicialmente en tareas industriales y, a largo plazo, participando también en actividades cotidianas como hacer tareas domésticas o realizar recados. Sin embargo, alcanzar una autonomía general continúa siendo uno de los grandes desafíos técnicos de la industria.

El avance de Optimus ocurre además en un contexto de creciente competencia internacional por los robots humanoides. La carrera ya no pasa únicamente por construir máquinas capaces de caminar, sino por conseguir que puedan aprender, adaptarse y trabajar de manera útil y segura en situaciones reales.